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Los sesgos cognitivos

La mayor parte de decisiones que tomamos están equivocadas. Puede sonar paradójico, pero es cierto y fácil de comprobar. Por ejemplo, entre las principales causas de enfermedad y mortalidad se cuentan innumerables comportamientos que adoptamos voluntariamente -mala alimentación, consumo de alcohol y tabaco, vida sedentaria-. O, en el caso de nuestra gestión del dinero, esta suele ser negligente -cada vez compramos más cosas que no necesitamos, no anticipamos lo suficiente nuestra jubilación, no conocemos el funcionamiento de la economía de nuestro país-. Si piensas que a ti no te pasa, estás siendo engañado por un sesgo cognitivo.

Los sesgos cognitivos son un ejemplo muy concreto de cómo funciona nuestra mente. Se trata de deformaciones que ocurren en el tratamiento mental de una información. Un sesgo cognitivo es un reflejo de pensamiento falsamente lógico, inconsciente y sistemático. En un medio “salvaje”, los sesgos mejoran nuestra capacidad de análisis y reacción, porque nos permiten interpretar rápidamente situaciones peligrosas. Su función inicial es permitirle a nuestro cerebro ahorrar tiempo y energía creando atajos mentales. Y existen porque nos permiten resolver cuatro problemas fundamentales : el exceso de información al que estamos expuestos, la necesidad de memorizar las informaciones más útiles, la falta de tiempo y la ausencia de sentido.

Nos pasa a todos porque estos atajos forman parte del funcionamiento de nuestra mente, alterando nuestra interpretación del mundo, de los demás y de nosotros mismos. ¿Cómo evitarlos? Los sesgos nos confunden, pero en una dirección que podemos anticipar. Son inevitables e incorregibles, pero no insuperables. Porque aunque no somos conscientes de nuestros propios sesgos, podemos ver y corregir los sesgos ajenos. Si te interesa conocer las decenas de sesgos cognitivos que existen, ¡sigue leyéndonos!.


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