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Distancia. Firmes. Descanso. ¡Atención!

Hola,

Recuerdo cuando en la etapa escolar, todos ingresábamos al colegio y procedíamos a formarnos. Aquí venían las instrucciones clásicas de tomar distancia, luego ponerse firmes, después descansar y finalmente prestar atención. Y claro nos dejaban en posición de atención, pero ¿realmente estábamos prestando atención?

Y es que prestar atención va más allá de adoptar sólo una postura física “atenta”. La atención es nuestra capacidad para concentrarnos y para decidir los recursos que le destinaremos a algún evento o situación.

La mayoría de nosotros pasamos nuestra vida escuchando lo que nos dicen nuestros padres – cuando tenemos que escoger una carrera-, lo que nos dice la sociedad – cuando nos vemos presionados por casarnos o tener hijos- y lo que nos dice nuestra cultura – cuando nos sentimos mal vistas por atrevernos a viajar solas-. Todas aquellas creencias se acumulan por años y acaparan toda nuestra atención. ¿Qué pasa con lo que nos dice nuestra voz interior? Quizá deberíamos estar prestando mucha más atención a ello.

En ese sentido, me parece importante reflexionar acerca de la atención que nos prestamos a nosotros mismos. No puedo aprender a destinar todos mis recursos sensoriales a una tercera persona si antes no puedo hacerlo conmigo misma.

En el camino de empezar a prestarme atención, comencé hace un par de meses a practicar yoga. Esta disciplina utiliza posturas físicas, ejercicios de respiración y enfatiza en la meditación para mejorar nuestra salud general. Lo interesante de la meditación es que necesita alcanzar un estado de atención y concentración sobre la realidad del momento presente. La mente se libera de sus propios pensamientos y focaliza su atención en un único objeto de percepción, como por ejemplo la respiración.

Al principio, para mí fue muy difícil conectar con la intención de ese momento y estar en el presente totalmente. Cuando me encontraba en la postura para empezar con la meditación, allí recostada sobre el Mat de yoga, intentando conectar con mi respiración, sintiendo el aire frío ingresar mientras inhalaba, tomando conciencia de la posición de mis manos, mis pies, mi cuello… de pronto llegaban pensamientos a mi cabeza: “Siento frío y quizá debería abrigarme. Espero que la práctica no se prolongue porque debo preparar la cena. He disfrutado la clase y ya quiero que sea jueves para ver qué más aprenderé. Espero no haber ejecutado mal alguna postura”. Y así, en cuestión de segundos, mi atención en el momento se esfumaba.

No podía creer que no fuera capaz de mantener mi atención plena en algo, en alguien o incluso en mí durante cinco escasos minutos. Lo que me lleva a reflexionar sobre la “atención” que le pongo a mi trabajo mientras hago Home Office, la que le brindo a mi madre mientras hacemos una videollamada, la que le brindo a mi esposo mientras preparamos un platillo juntos. Espero realmente haber estado poniendo atención plena a cada una de las personas que me rodean y a cada actividad que realizo en mi día a día.

La buena noticia es que la atención la podemos entrenar y efectivamente la meditación es una gran herramienta para hacerlo. En mi caso continúo con ese hermoso proceso de aprendizaje y entrenamiento que me lleva sobre todo a prestar atención a lo que realmente quiero, me importa, me inspira y me motiva.

Así, a diferencia de la postura física de “¡Atención!” que me enseñaron en la formación del colegio, el yoga y la meditación me enseñaron -además de una postura- a aceptar y conectar con el presente, atendiendo momento por momento tal cómo es y sin juzgarlo.

KA

 

 

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