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Al rescate de nuestra curiosidad

Desde que nacemos, a medida que vamos creciendo, crece también nuestra curiosidad. Cuando aprendemos a hablar, y a preguntar, aparece en nuestro repertorio una pregunta que vuelve locos a nuestros padres o a toda persona adulta que nos rodea La pregunta es “¿Por qué?”. Y es que claro, cuando somos niños estamos empezando a entender cómo funciona todo a nuestro alrededor. Estamos construyendo nuestra percepción de lo que más adelante llamaremos realidad. Por eso es tan importante que nuestro entorno dé respuestas a nuestras preguntas, pero no cualquier tipo respuestas, deben ser respuestas útiles, reales, que nos sirvan como ladrillos sólidos en nuestra construcción de cómo funciona el mundo.

Eso sería lo ideal. Sin embargo, el mayor problema que se repite de generación en generación es la falta de respuestas en el momento apropiado. Sin querer, evidentemente, una inmensa mayoría de entornos se limitan a responder con frases como “Porque sí, porque no, porque así es, porque yo lo digo” sin dar mayores explicaciones al respecto. Este tipo de respuestas matan nuestra curiosidad y, peor aún, nos hacen creer que el mundo funciona de una manera horizontal, autoritaria, sin un proceso estructurado de pensamiento para llegar a una respuesta.

¿Cuáles son las consecuencias? Eventualmente dejamos de preguntar, nuestra curiosidad se va apagando y permitimos que nuestra mente haga lo que mejor sabe hacer. Completar espacios y vacíos con cualquier tipo de información que tengamos al alcance. No tiene que ser información de calidad, con que tenga algo de sentido nos basta. Lo más probable es que sea lo que la mayoría piensa. Así somos, por naturaleza pensamos como piensa la mayoría, es lo más sencillo. ¿Y si no sabemos algo? Asumimos. Inventamos. Muy rara vez preguntamos.

El detalle es que muy, muy en el fondo, aún sigue prendida esta llama de la curiosidad haciéndose preguntas interesantes acerca de cómo funciona el mundo, por eso existen tantas opciones para esta pregunta. Desde las religiones, pasando por el horóscopo, hasta los extraterrestres y cientos de otras opciones más. El problema surge cuando queremos mirar hacia adentro y responder preguntas más complejas como porqué somos de una u otra forma, porqué actuamos de alguna manera particular o porqué nos sentimos como nos sentimos. Si desde chicos nunca nos enseñaron a responder este tipo de preguntas, de jóvenes o adultos nos resultará extremadamente complicado; pero no imposible, esta es la buena noticia.

Lo primero que podemos hacer es completar los eslabones faltantes con información útil y reemplazar lo que creíamos saber con conocimiento actualizado. Volver a preguntarnos todos los porqués que se nos ocurran, pero esta vez responderlos de manera seria, con argumentos sólidos. Solo así podemos empezar a sentirnos seguros de lo que sabemos y rediseñar nuestra versión de cómo funciona el mundo.

Mientras más conocimiento adquiramos más crecerá nuestra curiosidad porque nos daremos cuenta de la enorme cantidad de información útil que podemos utilizar para nuestro beneficio. Todo lo que necesitamos para desarrollarnos y crecer como personas está a nuestro alcance. Es nuestra responsabilidad ya que la verdad es que sabemos muy poco, extremadamente poco. Lo que haya pasado antes está fuera de nuestro control.  Lo que hagamos a partir de ahora depende de nosotros. Rescatemos nuestra curiosidad y así cuando alguien te pregunte algún porqué sabrás exactamente qué decir. Así funciona.

 

Ricardo Bravo Mejía

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